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noviembre 01, 2011

Para adolescentes…Cinco formas de curar “un corazón roto”

Si sientes que se te ha "partido el corazón", no estás solo. Casi todo el mundo experimenta el tipo de aflicción que denominamos "mal de amores" en algún momento de su vida -y algunas personas parecen pasar por este tipo de experiencias muchas veces en la vida. ¡A veces parece como si todas esas canciones sobre corazones rotos se hubieran escrito precisamente para ti y la situación que estás viviendo!

Hay muchas cosas que te pueden provocar "mal de amores" o que pueden partirte el corazón. Algunas personas experimentan una profunda tristeza cuando una relación romántica llega a su fin antes de que ellas estén preparadas. Otras se enamoran de alguien que no siente lo mismo por ellas. O una persona puede sentir que se le "parte el corazón" cuando un buen amigo desaparece de su vida.

Aunque las causas pueden ser diferentes, la sensación de pérdida es la misma -independientemente de que se trate de la pérdida de algo real o de algo con lo que sólo se había soñado. La gente describe este tipo de experiencias como un sentimiento de profunda amargura, vacío, y tristeza.

A Cristina, de 17 años, se le partió el corazón cuando ella y su novio decidieron poner fin a su relación antes de iniciar sus estudios universitarios en dos universidades que estaban alejadas geográficamente. Ambos consideraron que una relación a distancia probablemente no funcionaría con ellos y sabían en lo más hondo de sus corazones que, si estaban hechos el uno para el otro, encontrarían la forma de volver a estar juntos cuando completaran sus estudios. Pero seguía siendo muy duro y sumamente triste tener que poner fin a una relación de dos años y medio.

Aunque los poetas llevan miles de años escribiendo sobre el mal de amores, cuando te ocurre a ti, lo sientes como si ninguna otra persona en el mundo se hubiera sentido jamás del mismo modo. Si te estás recuperando de una experiencia de este tipo, hay cosas que puedes hacer para aliviar el sufrimiento. Aquí tienes algunos consejos que te pueden ayudar:

Comparte tus sentimientos. Algunas personas encuentran que el hecho de compartir sus sentimientos con alguien de confianza -alguien que se haga eco de lo que están pasando- les ayuda a sentirse mejor. Esto puede implicar expresar todo lo que sientes, e incluso llorar en el hombro de un buen amigo o familiar y dejar que éste te consuele.

 A otros les ayuda más salir de casa y hacer aquellas cosas que normalmente disfrutan haciendo, como ir al cine o a un concierto, para desconectar del sufrimiento. Es posible que la gente, con sus mejores intenciones, no entienda la profundidad de tus sentimientos e intente animarte con afirmaciones como "lo superarás" o "ya conocerás a otra persona". Probablemente esas personas están intentando ayudarte de la única forma que saben. Pero, si tienes la sensación de que determinada persona es incapaz de entender por lo que estás pasando o intenta minimizar tus sentimientos, habla con alguien que te entienda mejor.

Cuídate. Tener partido el corazón puede ser muy estresante, de modo que no permitas que interfiera con tu ritmo de sueño: tu cuerpo necesita descansar para reponerse. Duerme mucho, come alimentos saludables y haz ejercicio regularmente para reducir el estrés y los sentimientos depresivos, e intente elevar tu autoestima.

Recuerda todas las cosas buenas que tienes. A veces las personas que tienen partido el corazón se echan las culpas por lo ocurrido. Pueden ser muy duras consigo mismas, exagerando sus faltas como si hubieran hecho algo para merecer el sufrimiento que están experimentando. Si te das cuenta de que te está ocurriendo esto, ¡corta de raíz! Recuérdate las cualidades que tienes y, si no se te ocurre ninguna porque el dolor te ofusca la mente, pide a tus amigos que te ayuden a recordar todas las buenas cualidades que tienes.

Mantente ocupado. Puede costarte bastante cuando estés sumido en la tristeza y dominado por el sentimiento de pérdida, pero ayuda mucho. Es un buen momento para redecorar tu habitación o probar una nueva afición (hobby). Esto no significa que no debas pensar en lo ocurrido -reflexionar sobre lo que nos ha sucedido forma parte del proceso de curación - sino que también debes centrar tu atención en otras cosas.

Date tiempo. Para superar la tristeza hace falta tiempo. Casi todo el mundo cree que nunca se repondrá completamente, pero el espíritu humano es sorprendente -y los males de amores casi siempre se curan al cabo de un tiempo.

Pero, ¿cuánto tardarás en superarlo? Eso dependerá de qué fue lo que te partió el corazón, cómo afrontaste la pérdida y con qué rapidez tiendes a recuperarte de las experiencias. Recomponer un corazón roto puede costar sólo unos días o muchas semanas - y a veces incluso meses. Algunas personas sienten que nunca volverán a ser felices y se refugian en el alcohol o las drogas. Otros se enfadan muchísimo e intentan hacerse daño o hacer daño a otras personas.

Las personas que empiezan a beber, a consumir drogas, o a autolesionarse para evadirse de la realidad de la pérdida pueden creer que están mitigando el dolor, pero se tratará de un alivio meramente temporal. Esas personas no están afrontando realmente su dolor, sino tan sólo enmascarándolo, lo que hará que sus sentimientos crezcan en su interior y, a la larga, prolongará su sufrimiento.

A veces la tristeza es tan profunda -o dura tanto tiempo- que la persona necesita ayuda profesional para reponerse. Para aquellas personas que al cabo de unas semanas no se empiezan a encontrar mejor o siguen estando deprimidas, puede ser de gran ayuda hablar con un profesional de la salud mental o psicoterapeuta. O sea que ten paciencia contigo mismo y deja que empiece el proceso de curación.

Fuente: D'Arcy Lyness, PhD

octubre 28, 2011

Abuso entre parejas jóvenes

¡Hola! soy yo Belkis, la autora del blog. Ummm creo no haberles comentado que ando en tareas personales; es decir estoy estudiando, eso que aquí llaman capacitación. Sea como sea me está llevando unas cuantas horas más de concentración, con la finalidad de sacarle el máximo provecho para luego aplicarlas por aquí.

Se los comento porque una lectora me llamó y en medio de la conversación sugirió que esas experiencias también podría ponerlas en un post:
-“Belkis, yo tengo acceso a ti y recién ahora me entero del por qué no has escrito tan frecuentemente pero el resto de las personas no lo saben. Deberías decirlo ya eres parte de la casa…”
Después de pensarlo brevemente no me resultó mala la idea pues ¿total? Si yo les hablo de mi vida ¿por que no decirles en las que ando?

 Así que ya saben y ahora hasta se me ocurre escribirles la próxima semana de lo que he estado aprendiendo y colocarles unas fotos para que vivan conmigo mi proceso.

Y les digo algo, definitivamente la mujer vale más cuando vive como quiere vivir: feliz con sus propias elecciones.

Ooppss entré a ponerles el video del fin de semana y ya casi se me olvida. Aquí se los dejo a jóvenes, a padres de los jóvenes para reflexionar todos.

Nos seguimos leyendo en la red…!!!
@bmarcano
Y pronto www.belkismarcano.com

abril 12, 2011

¿Violento yo? ¿Acaso, dime, acaso te he pegado?

¡Hola!, soy yo Belkis, la autora del Blog. Sí, me imagino la escenita del chico guapetón balanceando su cuerpo sobre la novia para intimidarla porque ella tal vez, después de haber escuchado a sus amigas, mamá o ¿por qué no verdad? leído en mi blog, le enfrenta diciéndole “eres un violento”.

Bueno, si así fuere, desde aquí te aplaudo. Léeme bien “Nadie, n-a-d-i-e, tiene derecho de violentarte aunque ustedes jovencitas tampoco. Sí, sí porque yo sé que hay muchas por allí que también se las traen y quieren dárselas de bravuconas y someter a sus chicos. Eso tampoco es permitido.

Miren yo lo digo porque tengo dos hijos –varón y hembra- y como dice el refrán lo que es bueno para el pavo también lo es para la pava. A mí NO me gustaría que ninguno de mis hijos se sacara la lotería con tan brillantes numeritos ganadores, el doble cero pues.

Así como me ha tocado aprender de las nuevas tecnologías, de la moda, del vocabulario moderno para ser una mamá “in”, también me ha tocado pensar el por qué las relaciones afectivas juveniles tienen los mismos modelos de nuestros abuelos o padres, como si se quisieran perpetuar estos estereotipos tan fuera de onda.

Estos jóvenes de hoy día no solo se han vuelto más patanes: entran primero ellos al recinto y dejan a la novia atrás. Se montan ellos primero en el carro y se molestan si la novia no se sube al auto rápido (sin ni siquiera abrirles la puerta). Tampoco tienen muchas atenciones porque como ellas creen en la igualdad pues que se paguen su comida o su entrada al teatro y de paso SI son maltratadores sin ni siquiera levantar una mano.

¿Y ellas? tienen tremenda confusión en la cabeza. Aunque como niñas modernas, cuando sean grandes quieren ser excelentes profesionales y ganarse su dinero e independencia pero o le gritan a los novios y hacen pataletas o, se dejan someter como gatitas. Yo la verdad no entiendo nada.

Sin embargo, sin ser certificada en la materia juvenil (y les prometo traerle una entrevista con alguien que me ha enseñado mucho pero siempre está ocupadísima) les puedo ir adelantando:

Aunque se hablen de las igualdades, no somos iguales. Ni físicamente ni en la forma de pensar ni en nuestras necesidades. Ubíquense de una buena vez.

En tanto que…

Las jovencitas dicen: “Mi novio me atosiga. Por ejemplo, me textea muchas veces aunque no es tanto asiii como para llamarlo un maltrato”.
Los jovencitos dicen: “No es que la maltrate sino caramba es que si no le digo ahorita las cosas repetitivamente no creo que podamos durar mucho”.
Las jovencitas dicen: “Okey, él es un poco patán y ustedes los adultos son exagerados, pero les aseguro que me quiere”.
Los jovencitos dicen: “Mira, a las mujeres hay que tratarlas así para tenerlas mansitaasss, comiendo en la mano pajarita”.
Las jovencitas dicen: “Yo no sé si eso es maltrato como tal –en una forma titubeante- me estresa un poco cuando llega y están mis amigas…yo creo que él solo quiere aprovechar el tiempo al máximo conmigo”.
Los jovencitos dicen: “ ¿Maltratador yo? Ella se pone así nerviosa porque quiere. El mundo no comprende el amor de nosotros, que quiero estar full tiempo con ella. Aunque pensándolo bien, si le molesta mucho lo dejamos hasta aquí”.
Las jovencitas dicen: “¿ Violento? Lo que se dice violento no...Es un poco celoso, eso sí.
Los jovencitos dicen: “¿ Violento? ¿Maltratador? Yo no le he pegado. ¿Qué te pasa? Estás viendo mucha telenovela o series de la tele”.
Las jovencitas dicen: “En realidad me controla algo. Tal vez es así porque me quiere mucho. Dice que no debo ser muy simpática con los del grupo porque entonces tendré mala reputación, de regalada”.
Los jovencitos dicen: “Yo no quiero que ella esté riéndole a todos por allí. Si ella está loquita por mí, esa es la forma de demostrármelo”.
Las jovencitas dicen: “Si, a veces trato de apoyarlo. Su mamá me pide que lo ayude a cambiar y que solo a mí me hace caso”.
Los jovencitos dicen: “Ella es una bobita y hasta se cree mi mamá”.

Todo esto -y aseguro que ustedes me pueden ayudar a construir más situaciones- se producen en un marco propio de romanticismo de la jovencita, que está viviendo su primera relación, que es una inexperta de la vida.

Mientras que para ellos no hay nada que acomodar ni ajustar porque NO hay violencia física; sin embargo, tampoco saben que ese es un comportamiento de maltrato, intimidación porque piensan que eso… son cosas de adultos. Ummm “¿Violento yo? ¿Acaso, dime, acaso te he pegado?”

En fin, nos toca correr la bola mis queridos lectores y…

Nos seguimos leyendo en la red…!!!

abril 07, 2011

"Mamá, mi novio me pegó"

¿Cómooo? ¿Cuándo pasó eso? ¿Por qué te dejaste pegar? Esas frases salieron de la boca de la madre cuando su hija adolescente le hizo la confesión.

¡Hola!, soy yo Belkis, la autora del Blog. La violencia doméstica también tiene rostro juvenil y de verdad les digo de corazón, no es una problemática de generaciones pasadas.

La chica un tanto avergonzada solo le decía entonces:
-“¿Estás enojada conmigo?”. No sé cómo pasó pero déjame que te cuente…al otro lado la madre confundida no sabía cómo reaccionar ante la triste confesión y solo atinaba a decir
- Nooo –con gran estupor- la frase nada original ¿qué hice mal? ¿dónde he fallado hija? Voy a escuchar tu historia.


Y así la chica entre sollozos explicaba “¿Recuerdas ese día que me viste el moretón del brazo izquierdo y te comenté que había sido jugando? Pues te mentí. No solo fue el brazo. Mis piernas, mi espalda también estaban marcadas...me tiró contra el piso y no podía quitarmelo de encima.

La madre no podía aceptar la historia porque suponía que ese chico era de buena familia; las madres eran ya conocidas. El chico con un futuro brillante, admirado por sus amistades y si vieran en las redes sociales, cada logro alcanzado en la recién estrenada universidad era celebrado por unos seguidores que solo decían “Bravo fulano eres lo máximo”, “Gracias Dios por darme el hijo que tengo”, “No podía ser de otra amiga, tu hijo es un ejemplo a seguir”…plop

¿Pero qué circo es este? Se preguntaba la madre ¿dónde están los valores, la entrega a Dios, la espiritualidad que dice la madre practicar en su familia? ¿Cómo hizo para agarrarte como una pera de boxeo sin justificación?

Señores, NO hay justificación para esta escena. Entonces después de todo, vinieron las reflexiones.

-Madre: ¿ Hija, te recuerdas cuando te dije que ese chico tenía mal genio –como su padre- y que eso NO me gustaba? ¿Y qué me decías tú?
-Hija: No es nada mami, solo que en su casa hay problemas, sus padres tienen problemas económicos y él está preocupado.
-Madre: Lo justificabas. ¿Qué más me decías?
-Hija: Es un poco violento pero él ha cambiado mucho conmigo. Su mamá me da las gracias por estar con él siempre. Te juro mami que delante de ustedes es así pero conmigo es muy dulce.

A la mamá se le salieron las lágrimas porque no solo se lo había advertido sino que estaba en el dilema de “hacerle la guerra al noviecito” con las posibles consecuencias de no poder controlar a la hija o arriesgarse a que esto, precisamente esto, pasara.

La razón por la que discutieron hasta llegar a los golpes señores ya no importa. Es realmente ridículo e inaceptable tanto como que esta persona reaccionara así. Ya la historia había pasado y su hija estaba frente a la madre contando su historia que había callado por seis meses.

¿Qué la llevó a confesar? Pues aunque ustedes no lo crean el “tiqui-tiqui de la mamá”. Algo siempre queda.

Hubo consenso familiar. Todos reunidos papá, mamá y hermanos se enteraron del hecho. La indignación, el dolor, la rabia no se hizo esperar pero eso había que darlo a conocer. La chica estuvo aprueba por mucho tiempo y según parece todo está bajo control.

Ahora me pregunto yo. ¿Será que para los jóvenes la palabra violencia es solo hablar de guerra? ¿Acaso creen que cuando se habla de maltrato hacia tu novia es cosa de adultos?

Pues NO. Es hora de que ustedes jóvenes que me leen o ustedes madres que me leen entiendan. NO debe haber duda alguna. Todo lo que escribo aquí en este blog aplica para todos por igual.

Ahora pudiera ser que el lenguaje con el que hablan los jóvenes tiene connotaciones diferentes, sutiles que es necesario entender. Sí, nos toca adentrarnos en ese mundo como el mismísimo mundo tecnológico donde el lenguaje es “medio raro” y captar. Pero de eso hablaremos otro día.

Por ahora el espacio se terminó y con esto el enojo de que un imberbe, héroe deportivo de su grupo, hijito de mamá, galancete de cuanta niña tonta se diga su amiga en FB haya tenido el atrevimiento de “caerle a golpes” literalmente a su novia de siempre. Ojalá le vaya…bien. Por eso el refrán de mi mamá “ayyy hija caras conocemos, corazones no sabemos”.

Menos mal que esta chica fue recuperada y tú ¿tienes un violento al lado de tu hija, amiga o conocida adolescente? Ojo, mucho ojo. Indaga hasta el último alfiler debajo de la almohada porque para luego, puede ser tarde. Y yo no te quiero ver del otro lado llorando a tu hija malograda, traumada o en el peor de los casos, muerta.

Nos seguimos leyendo en la red…!!!

enero 22, 2011

Mi príncipe azul que destiñe

Se veía una parejita “cute”: juntitos por todos lados, parece que la cuidaba mucho, la acompañaba hasta su centro de estudios, se cercioraba de que estuviera sentada en clase con personas que le agradaran, se buscaban las miradas entre clase y clase y agarraditos de la mano se perdían entre los pasillos como colegiales…Ahh! Detrás susurros y suspiros ¡que bellos!, ¡yo quiero un príncipe así!

¡Hola!, soy yo Belkis, la autora del Blog. Así se veía por encimita mi historia de noviecitos, como cuento de hadas. Besitos, caricias, ojitos y sonrisas pero eso tenía un precio y yo no lo sabía. Ese es el problema. Detrás de ese romanticismo habían síntomas "¿Por qué no me di cuenta?, Mamá ¿Por qué no me dijiste nada?, ¿Por qué ustedes mis amigos y compañeros no me alertaron?"


No es acusatorio, son solo preguntas abiertas que una se hace cuando se está auto cuestionando. Ni ellos ni yo lo sabíamos. Si ahora todavía la gente no lo reconoce ¿Qué podía esperar yo 25 años atrás?

Me gusta que todos estemos aprendiendo: las amigas de mis hijos, los hijos de mis amigos y colegas, mis propios hijos. El viernes les recomendé la película “Reviving Ophelia” para acercarnos y experimentar la vivencia personal de la víctima y el agresor. Ella me trasladó a mi etapa de juventud.

Fue mi hija la que me avisó de esta película. “Mami, creo puede interesarte para tu trabajo. Es tal día, a tal hora”. Nos dispusimos a verla. Es una película de familia. Me asaltaron los recuerdos.

“Entre deberes y derechos”
Ejercicios Mentales:

Él tenía carro, yo no. Él tenía buena posición económica, yo no. Él vivía en una zona buena, yo no. Así que mi príncipe azul, en nombre del amor me llevaba a clases, me esperaba y me devolvía a casa sana y salva a pesar de que teníamos horarios de estudio diferentes, carreras diferentes, universidades diferentes. ¿Eso es muy altruista verdad?

Él no tenía ojos para más nadie por lo tanto yo tampoco “debía”. Él no socializaba con nadie en su clase (nunca lo comprobé) por lo tanto yo tampoco “debía”. Él no compartía con sus compañeros después de clases por lo tanto yo tampoco “debía”.

Cuando yo entraba a clases era solo para eso, recibir clases. Las puertas de los salones de la UCAB eran marrones con pequeñas ventanitas de cristal. Desde allí Él me chequeaba. Yo no interactuaba con casi nadie.

Flash forward:

-“Solo recuerdo de ti una niñita muy dulce que sonreía jijiji”, me dijo una amiga-compañera.
-“Me parecías una chica inteligente pero me preguntaba ¿por qué no habla? dijo otro, un par de años atrás.
-“Pensaba: que tipo tan simpático el novio de Belkis pero tan tímida ella” confesó otra. ..
-”Ahh claro, me dijo hace poquito un colega, tu ex el que hacía carrera militar”....y le dije “¿Militar? ¿De dónde sacas eso chico?.. ¿No? Repreguntó sorprendido, bueno niña, por su comportamiento durante los cinco años juré que sí.

Lo que ellos, ustedes no sabían que al salir de clases Él me llamaba la atención si había hablado con alguien o si algún compañero se me sentaba al lado. Si ese fuere el caso, respondía de manera nerviosa y detallada cómo y por qué sucedieron las cosas. Pobre Belkis, siempre justificando mis actos para complacer los “derechos que tenía mi príncipe azul sobre mí”.

Conversando por las redes sociales con un colega, recordamos un pasaje “me senté al lado tuyo para hacer un diseño porque eras buena en eso y antipática me ordenaste que me retirara. Y aunque fuiste tajante, tus ojos decían otra cosa. Nunca entendí. Entonces le expliqué que era miedo porque…

Flashback:

Él: te vi por la ventana hablando con tu compañero. ¿Por qué se sentó al lado tuyo? ¿Acaso le gustas?
Yo: ¿Acaso no estudias? ¿Cómo haces para verme? ¡Qué suerte la mía!
Él: Eso trato de hacer pero ya veo que no puedo confiar en ti. No desaprovechas el tiempo para coquetear.
Yo: Te equivocas. Solo quería que le explicara..dice que hago bien los trípticos..
Él: ¿Y por qué no una mujer? ¿Por qué un hombre?
Yo: Ay yo no sé.

Flash forward:

La chica de la película vive un pasaje parecido, luego el novio la bofetea y sus pertenencias ruedan por el piso. Yo como espectadora me descompuse momentáneamente. Me vi retratatda, a lo que mi hija preguntó “¿lo mismo que hacía mi papá verdad?

-Sonreí y afirmé, Él era celoso y posesivo…desde SIEMPRE. Mi hija respondió “lo siento mami pero, al igual que Ophelia, no tuviste la culpa”.

Las formas en las que se manifiesta y disfraza la violencia son muy variadas y en ocasiones sutiles. La bofetada para mi vino muchos años después…pero vino. Era un príncipe azul que desteñía desde el principio.

Por favor, no confundan maltrato y ofensas con amor e interés por la pareja. Eso dista muy lejos de la realidad. ¿Cuántas cenicientas y príncipes azules hay por allí cerca de ti? Salid corriendo por favor y en el mejor de los casos búscate un príncipe de otro color.


Nos seguimos leyendo en la red…!!!